LOS ICONOS

Un ícono o icono (del griego εἰκών, eikon, "imagen") es una imagen, cuadro o representación; es un signo o símbolo que sustituye al objeto mediante su significación, representación o, por analogía, el término ícono también es utilizado en la cultura popular, con el sentido general de símbolo - por ejemplo, un nombre, cara, cuadro e inclusive una persona que es reconocida por tener una significación, representar o encarnar ciertas cualidades. Este es también el uso en que se da en informática, un ícono es un pequeño gráfico que identifica y representa algún objeto (programa, documento, etc), usualmente con algún simbolismo gráfico para establecer una asociación.

En la Ortodoxia Oriental y en otras tradiciones de pintura cristiana, un ícono es generalmente un panel plano en el cual aparece pintado un ser santo o un objeto consagrado como Jesucristo, María, los santos, los ángeles o la cruz cristiana. Los íconos también pueden estar hechos de metal, esculpidos en piedra, bordados, hechos en papel, mosaico, repujado, etc. La tradición de la pintura de íconos se desarrolló con gran fuerza en el Imperio Bizantino, principalmente en la ciudad de Constantinopla. Después de la caída de Constantinopla ante los Turcos en 1453, la tradición pasó a regiones influenciadas previamente por la religión. Los íconos son considerados como si fuesen el Evangelio en Pintura.
Así mismo, la iconografía fue utilizada como recurso para la catequesis, especialmente en América Latina.

Icono de la Madre Francisca

El icono la muestra de cuerpo entero, con los ojos bien abiertos, emanando su movimiento desde el corazón, cuyo eje es la Cruz de San Damián, otro ícono, que muestra el misterio del resucitado y la fe de sus seguidores.

El icono de Madre Francisca está de pie y abriendo sus brazos para compartir el tesoro del Pan de la Vida. Calzada con las sandalias de las y los que hacen de la vida un camino, un aprendizaje, una invitación a compartir...
El icono puede o no gustarnos, pero nos tiene que provocar... es el encuentro con la corporeidad de Madre Francisca... con su interioridad, con su actuar, con su sentir, con su amar y padecer...
Que nos dice este cuerpo...

Al servicio de la vida...

  • Una mujer de pie...

El itinerario vocacional narrado en las nuevas reglas, nos dice que Ana María Rubatto antes de ser Madre Francisca, ya se movía al ritmo del  Espíritu,  que la impulsaba a insertarse en los lugares de la caridad, afinando la atención y sensibilidad por el mundo de los pobres. El texto dice también que lo hacía, no de cualquier modo sino “sintiéndose signo – ICONO- de la misericordia de Dios(Const.5) Es decir, con reconocimiento, conciencia de  responsabilidad y agradecimiento del don de ser medio, instrumento, y camino, de la misericordia. A través de su persona, de su cuerpo de mujer, pasa el gesto que refiere a la misericordia, a la ternura, al proyecto de vida abundante del Dios Madre y Padre de la creación. Así mismo, señala que esta experiencia la consolida en su  camino espiritual.

De pie... fuerte, firme, andante, es la expresión de los que luchan y no bajan los brazos... Mujer entera, no porque no sufriera fracturas ni fragilidades, sino porque supo juntar sus pedacitos, dejarse ayudar, acompañar, para sostener a otros, para abrir horizontes de dignidad a su alrededor. Una mujer captándose en sus posibilidades, sus límites y dones, afirmada en la Promesa de Vida, conciente de que según sus propias palabras el “Señor abrió con nosotras los tesoros de su misericordia”.

  • La fuerza del corazón

El corazón de Madre Francisca como centro de sus emociones, sentimientos, y fuerza motivadora estaba sólidamente afirmado en el amor al Dios encarnado, Jesús. Centro de su vida que señala el horizonte de su actuar. Teniendo a Jesús en el corazón, lo tengo todo. Pero curioso... es Jesús, es la memoria de Jesús la que la impulsa a vivir desde el corazón.  En Madre Francisca la compasión, es signo de la misericordia: tener el corazón puesto en la miseria... esa actitud generosa que quiere compartir la pasión con el otro y no dejarlo solo con su dolor... (CONST 72 / CTA 277).

Como discípula del siervo sufriente, la mística de Francisca, no tiene nada de fatalista ni conformista, sino deja entrever en una actitud creadora y cuidante, que sabe transformar el dolor en experiencia liberadora: buscaba que en sus propios gestos de cuidado, los hermanos y hermanas pudieran reconocer el rostro del Dios cuidante. Buscaba alivio a los dolores y poner fin a sus pesares. No le hablen al enfermo de Dios, háblenle a Dios del enfermo.

Madre Francisca, un corazón para todos: deseaba en la Iglesia un Instituto a modo de un árbol “que abrace todas las ramas de la caridad” (CONST. 5), esto supone un compromiso cordial para dar respuesta a todas las formas de sufrimiento humano. Respuesta que promueve, que desde la óptica del cuidado ve en los otros las posibilidades para recuperarse, reconstruirse, empezar de nuevo. Vivir desde el corazón la lleva a ser experta en acompañar fragilidades y dolores (CONST 30 / DIR34). Dispuesta al perdón y a la corrección (CONST 65 / CTA 277).

  • Mirada profunda

Madre Francisca no habló de ecología, ni de ética del cuidado, directamente la vivió. En su contexto histórico azotado por las consecuencias de la acumulación del capital, se ocupó de los descuidados del sistema, aquellos que eran excluidos de la época y de tender redes de sostén y de cuidado: organizar la salud comunitaria, educar para la inclusión (CTA 11), promover desde la mirada del evangelio. Miró con lucidez y profundidad (CONST. 18 / CTA 32 /CTA 26), discerniendo el paso de Dios, buscando su voluntad (CONST. 7).
Esa mirada profunda la lleva a que no haga cosas sueltas, sino que va organizando, dando cuerpo, articulando, planificando, deja equipos formados y vuelve para consolidar la propuestas (CTA 54).

Para ella y sus primeras compañeras, la vida abundante, la salud integral, las relaciones armoniosas con la naturaleza, los hermanos y Dios, ocuparon toda su existencia.
Es llamativa la densidad y peso que cobraron en su caminar la atención de la salud física y la promoción de la vida en orden a mejorar las condiciones materiales, buscando, movilizando todos los recursos a su alcance posibles para  asegurar el acceso a la alimentación, a la educación, a servicios de salud, a recreación, al trabajo de los más desprotegidos, el acompañamiento a los inmigrantes desarraigados. Como recordaba Hna Coletta de Santa Clara, la Madre decía“somos siervas de los pobres y debemos hacer por ellos cualquier servicio” (Sum 641 19- 25).

El área de la salud fue una de las concreciones apostólicas históricas del carisma: uno de los ámbitos privilegiados, uno de esos lugares de la caridad. Cuidar de los cuerpos en los que la ausencia de derechos y vida deja marcas profundísimas, fue uno de los primeros gestos carismáticos del Instituto.
De allí que para nosotras, capuchinas, la dimensión de salud, entendida en el sentido más amplio, no sólo como ausencia de enfermedad, no es una opción. Toda nuestra propuesta debe enmarcarse en este compromiso con la vida en abundancia. Hacer de nuestros institutos un espacio para el ejercer, ejercitar y aprender a cuidarse y cuidar.
Para Madre Francisca cuidar significó concretamente implicarse con las personas y las cosas, darles atención, colocarse junto a ellas, valorizarlas por lo que son y comprenderlas en su esencia e interioridad. CUIDO DE LO QUE AMO...

  • Sus manos

Desde siempre “Inclinación por hacer el bien, siguiendo su propio deseo”. No se queda cruzada de brazos, busca, golpea, pide incansablemente para transformar la realidad que no defiende la dignidad de Hijos e hijas de Dios (CONST. 19 / CTA 2 y 32).
No mira las cosas con naturalidad, descubre la trampa que ocultan y busca mejorar las condiciones de vida de todos (CONST 35). No se queda tranquila mientras haya alguien que padece.
Mujer de su época, tenía un hondo sentido del trabajo como espacio de despliegue de la vocación entregada en vivir la misericordia, no le escapa al esfuerzo, no mide la generosidad: "con el corazón en Dios y las manos a los hermanos” (CONST.16 / CTA 213).
Manos que parten el pan, Madre Francisca es la memoria del Pan de Vida, es signo del compartir, del compromiso. Nunca va sola, sus manos construyen fraternidad, articulan y entrelazan sueños, ilusiones, fuerzas... ocupa el lugar del medio...  como hermanas en medio del pueblo, mano tendida para todos y todas... inscribiendo en los cuerpos hermanos que la ternura puede más...

Hermana Cecilia Covelo (argentina)


 


En la gran
familia franciscana

Const. 14