En el 1977 nuestro Instituto ha iniciado a recoger toda la documentación útil (esparcida por las obras y las Diócesis) para construir la historia y transmitir, a las futuras generaciones el ideal que el Espíritu Santo ha suscitado en el corazón y en la vida de Madre Francisca.

Para investigar, reunir y reordenar los documentos ha transcurrido un buen espacio de tiempo en la santa paciencia pero con mucha confianza. Una comisión constituida por Hermanas de Italia y América Latina ha contribuido a recoger, catalogar, interpretar y traducir el resultado de la búsqueda, material que, en parte se ha distribuido para conocimiento a todas las hermanas del Instituto.

La profundización de la vida de la Madre, su difusión a través de los libros escritos a lo largo del tiempo, el estudio de sus virtudes heroicas, los trabajos personales de bastantes escritoras sobre los diversos aspectos de la vida de la Fundadora, han contribuido a llevar adelante el proceso de Beatificación, realizada el 10 de octubre de 1993.

Es para nosotras un desafío el vasto horizonte en el que empeña el Centro Estudio para trabajar con provecho. Está formado por una equipo internacional que lleva en sí la riqueza de las diversas culturas que lo componen.   
        
La actividad del Centro continuará su historia con la profundización y la reflexión
que cada Circunscripción se empeñará a realizar a través del estudio y la propia vivencia.
Desde el 2006, su sede central en Roma, está sometida a reestructuración de los aspectos edilicios y en la recolección y reorganización del material llegado de las distintas presencias
en el mundo.
Está en el pensamiento del Instituto la complementación con un museo, ya en parte
organizado en la casa de Loano (origen de la actividad apostólica de Madre Francisca).

                                    


Del libro "Francisa Rubatto, mujer apostólica"

 
Graziella Merlatti en la introducción escribe:
 
          "Sólo un corazón encendido por la caridad pudo desafiar el Océano y poner las bases en América Latina, a partir del Uruguay, hasta la aceptación de la misión de Alto Alegre, rechazada por comunidades religiosas mucho más experimentadas y consolidadas. Será aquel bautismo de sangre a dar frutos inesperados, y todavía no agotados, más bien, todo por recoger y llevar a la luz:  la Beata Francisca Rubatto lo entrevió y un poco como Moisés, vio de lejos la Tierra Prometida sin  lograr entrar. Y el eco de su ardor apostólico se expande hoy más que nunca, sobre la América del Sur, y quizás más todavía sobre Eritrea, Etiopía, Kenia, Camerún, lugares de un continente hoy explotado, atormentado y humillado.
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            Mujer de coraje, no tuvo temor de lanzarse en lo ignoto de tierras desconocidas, de lenguas ignoradas, de climas hostiles.

            Mujer humilde, no se interrogó más de tanto sobre el por qué partir para Sudamérica, en vez de para el África: las circunstancias la llamaron allá, y sin demora dijo su 'eccomi' de madre que abrió un camino a su naciente familia.

            Mujer de corazón ancho, descendió a fondo en su tiempo y buscó desde dentro responder a sus apremios y a sus esperanzas.
            Si hoy los tiempos no son fáciles para la misión, menos lo eran entonces. Y quizás nunca lo serán. Cada tiempo tiene sus dificultades y sus riesgos, sus incógnitas y sus suyas abiertas o escondidas exigencias de martirio. Porque como dijo Martin Buber con una feliz expresión:  “la enfermedad de nuestra época no es parecida a la de ninguna otra, pero es aquella de cada tiempo."


EL ICONO DE MADRE FRANCISCA:
Discípula y servidora al cuidado de la vida
Reflexiones sobre el icono de Madre Francisca........ LEE...



DE LA HERMANA CECILIA COVELO (Argentina)

Madre Francisca,
                Tu vida toda se desborda en señales que nos abren al misterio del Dios, Madre y Padre, que creativamente cuida y sostiene con firme ternura el universo entero.
                En tu cuerpo de mujer alimentas las más profundas esperanzas de vida abundante y plena para todos, contagiando a quien se te acerca la provocadora certeza que invita a la pregunta que cuestiona gestos y seguridades: “Todo hombre es mi hermano”.
                Junto a las compañeras de la primera hora, te desviviste incansablemente para honrar cuidando esa Vida, poniéndola en el centro de tus opciones.
                Labradora imparable de fraternidad universal; araste, sembraste y cosechaste lazos sólidos y comprometidos con la hermana Madre Tierra, con las hermanas y hermanos que tienen la vida rota, porque la misericordia te pudo, y porque tus raíces fuertes bebían del agua fuerte del Espíritu.
                Desde la ternura corajosa, supiste construir espacios de Reino como servidora—cuidadora, abierta y perceptiva a los llantos silenciosos de una justicia que no llega, a los clamores desgarrados de la dignidad herida y a las posibilidades escondidas en cada criatura de su tiempo.
                Acompáñanos Madre Francisca para hacer de nuestra vida y la de todos aquellos con los que compartimos la historia, un sagrado signo de la misericordia, transformando, recuperando, modificando las condiciones en las que vivimos para que nadie sobre.
                Muéstranos a Jesús y su camino de Salud y Pan para todos.
                Enciéndenos con el fuego que te habita, para que este tiempo que se nos confía, nos sumemos a la armonía de las voces y manos que procuran hacer de nuestro mundo una casa de vida en abundancia para todos y todas.
                Que podamos habilitarnos unos a otros para pronunciar con vos la palabra creadora:

                ¡Todo a mayor Gloria de Dios!... Porque la gloria de Dios es el hombre viviente, digno y feliz. Amén.

LA BEATA FRANCISCA RUBATTO, MUJER EUCARÍSTICA

No se da discipulado evangélico sin un sólido nutrimento eucarístico. Y las santas y los santos, incluso con matices personales, están todos firmemente anclados en la Eucaristía. La beata Francisca Rubatto  buscó continuamente a su Dios sobre todo en el "Mysterium Fidei."
Esta indisoluble radicalidad le permitió a Sor María Francisca de Jesús, Fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, de vivir "el martirio del deber cotidiano con irreprensible exactitud y heroica constancia" como reconoció el Papa Juan Pablo II en la homilía durante el S. Misa de su Beatificación el 10 de octubre de 1993. La piedad eucarística es unánimemente considerada como el aspecto más saliente y sentido, más evidente y profundo de las relaciones entre el corazón de Madre Francisca y aquel de su Dios.
Si la Beata, según el estilo del tiempo, cultivaba muchas devociones, ésta sobresalió sobre todas, distanciándose claramente por peso y extensión, en cierto sentido englobándolas en su neta centralidad. La frecuencia a la Misa y la adoración fueron para ella costumbre consolidada, sea en la nativa Carmagnola que a Turín, mucho antes de ser hermana. La singular estima  hacia el Instituto del Cottolengo en Turín y su presencia en la "Pequeña Casa" – donde la oración delante de Jesús Eucaristía siempre fue y es todavía la "principal ocupación"  - señalaron indeleblemente su formación espiritual. El horario "familiar" de Mariana Scoffone-Costa y su "hija adoptiva", Marietta Rubatto preveía por la tarde, cotidianamente, una hora de adoración eucarística. Así también, en los días vividos en Loano por la "bañista" torinesa: había un tiempo para la visita vespertina a la iglesia.

El Tabernáculo, 'corazón' de la casa y primera referencia

Preocupación principal de la Fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano - ahora Capuchinas de Madre Rubatto - fue que en sus casas se mantuviera el Santo Sacramento y, para conseguir esto, estaba dispuesta a usar también una estratagema, como mandar una hermana a 'hacer número' en la casa donde faltaba el número legal para tener derecho al tabernáculo. El 4 de junio de 1904 desde Montevideo la Beata contestó a sor Cayetana Lanza:  "Comprendo muy bien que el Obispo no pueda permitir que tengan el SS. Sacramento, la misma ley dice que se necesita que estén al menos 5 hermanas, pero si el Señor quiere que la casa vaya bien y adelante, yendo yo a Génova no faltaré de proveerles las hermanas de las que tengan necesidad, para que puedan tener el consuelo de la presencia del SS. Sacramento. Mientras tanto recen, recen mucho", (Cartas y Testimonios, p. 706). Y, en una carta sin fecha mandada a Sastre (Argentina) a la misma sor Cayetana, mujer rica de celo apostólico y cordialidad, que la Madre a menudo llevó consigo en las nuevas fundaciones confiándole servicios de responsabilidad, escribió:  "Quisiera que fueran cinco hermanas para poder tener el SS. Sacramento en casa, y que también lo fueran para poder vivir esta presencia con más profundidad. Una podría hacer número, Teresa, si tendrá la gracia de tomar el hábito y la otra, les podría mandar a sor Bienvenida si les parece que pueda ayudar" (Cartas y Testimonios, p. 714). 
El tabernáculo fue su primera referencia y su refugio cuando se encontraba sofocada por pruebas y fatigas. Se puede decir casi constantemente, ya que su vida religiosa siempre estuvo con contrariedades. "Cuántas veces la hemos visto en horas avanzadas de la noche arrodillada a los pies del Tabernáculo!", testimonió sor María Rosa de los Ángeles Custodios  (Cartas y Testimonios, p. 872). 

Su especialidad: ganar de rodillas el corazón de los enfermos

"Era devotísima del SS. Sacramento y con gran fervor lo rezaba estando con los brazos abiertos, también por largo tiempo. Con frecuencia visitaba el Ssmo. y nos decía: 'Cuando pasen delante de una Iglesia donde está expuesto el S. Sacramento, no dejen de hacer una visita", agregaba sor Emilia de S. Francisco (Cartas y Testimonios, p. 853). Y sor Cecilia de S. Félix completaba recordando el deseo de la Beata:  "Quisiera que al menos un centenar de veces al día fueran a saludar el S.Sacramento [y] cuando regresaba a casa nosotras íbamos a su encuentro, pero ella decía:  déjenme saludar el dueño de casa y luego vengo" (Summarium super virtutibus, § 400). Y Sor Coletta de S. Clara, verdadero personaje de las florecillas franciscanas, recordó hasta al final de su larga vida a las hermanas de hábito el gran amor de la Madre: "Con gran devoción se acercaba cotidianamente a la S. Comunión y nos encomendaba frecuentes visitas al SS.mo diciéndonos: si no pueden hacer la larga visita de los cinco Pater-Ave-Gloria, hagan al menos un saludo al Santísimo rogándole que las proteja" (Summarium, § 654). "Cuando recibía la comunión parecía un verdadero serafín", testimonió sor Isabel de S. Luis (Summarium § 148).
Se sumergía de tal modo en la oración que "a veces cuando la llamábamos "no sentía" (Summarium §223) quizás estaba en un rapto de éxtasis. Maria Rosa Martino, religiosa con el nombre de Sor María Francisca de Jesús, que vio a la homónima Beata cuando tenía siete años, fijó para siempre su imagen de orante:  "Rezaba con gran fervor como si tuviera presente a Dios" (Summarium, § 787). En los momentos de duda y dificultad, notábamos siempre en ella un gran espíritu de fe y confianza en Dios, espíritu que ciertamente se fortalecía cerca del S. Sacramento, delante del cual se recogía antes de empezar sus tareas", afirmó edificada sor Catalina de S. Biagio.
Delante de Jesús Eucaristía su espíritu se calmaba y permanecía en pacífica alegría. Si un enfermo grave se mostrara rebelde a reconciliarse y recibir los sacramentos, su escondida fuerza de persuasión era la visita al S. Sacramento. Su fe era tal que lograba obtener cuanto suplicaba con mucho fervor. Se cuentan acerca de esto, bastantes hechos de conversiones consideradas imposibles:  parecía que esto fuese una de sus especialidades. "La Madre en América, con la devoción al SS. Sacramento ha conseguido muchas conversiones", ha manifestado sor Eugenia Musso (Summarium, § 930).

"Parecía que quería 'comer’ el Santísimo"

Cuando rezaba sola en la capilla, se acercaba lo más que podía al tabernáculo, "y parecía entonces que quería 'comer el Santísimo" (Summarium, § 149, cf Summarium, § 653). Su querida sor Felipa de S. Miguel, en el proceso de canonización ha testimoniado la pasión eucarística de la Madre:  Nos invitaba "a rezar con ella delante del Santísimo, especialmente cuando tenía alguna pena o trataba de conseguir alguna gracia y así también para agradecerlo de los favores recibidos. Rezando sola delante del SS.mo Sacramento tenía a veces los brazos extendidos y los ojos fijos en el Tabernáculo y nosotros fuimos a observarla a hurtadillas; cuando rezaba junto a la comunidad tenía los brazos cruzados sobre el pecho como todas las otras hermanas, imitando en esto a nuestro seráfico padre S. Francisco. No se cansaba nunca de recomendarnos la devoción a la Eucaristía y quería que hiciéramos al menos cinco veces al día la visita al S. Sacramento y al final del día quería que le rindiéramos cuenta" (Summarium §§ 479-480). 
Les decía a las hermanas: "Quisiera que al menos un... centenar di veces al día fueran a saludar el SS. Sacramento...", “pero se contentaba con que se abrieran la puerta de la capilla todas las veces que se pasaba cerca y de la puerta entreabierta se le dijera a Jesús:  ¡Señor, te amo!", ha testimoniado sor Angela Zunino. 
Naturalmente ella trató de dar buen ejemplo. La Madre General, llegando en una casa de sus hermanas, fue sistemáticamente a saludar primero al Dueño de "casa" y quiso fijar como norma de su comunidad la visita al SS. Sacramento antes de la salida de casa y al regreso.

Cuando pegó a la puertita del Tabernáculo

Visitando la casa de Alberdi cerca de Rosario, se enteró de que una hermana hacía más visitas a su gallinero, poblado de dos gallos y nueve gallinas - que al Santísimo: le hizo hacer enseguida las valijas y la cambió de casa. Su primera solicitud era no perder la Comunión cotidiana. Contó sor Valeria de S. Pietro Crisólogo:  "Por la mañana temprano (en Génova) hacíamos el pan y ella con nosotras. Cuando tocaba la campana de la Misa y Comunión, si no se hacía tiempo a todo, nos decía:  “hijas, S. María Magdalena de Pazzi iba a hacer la Comunión con las manos sucias de pasta" (Cartas y Testimonios, 767). Entonces se encaminaban con paso veloz a recibir la eucaristía. A las hermanas que pasaban la noche a la cabecera de los enfermos les encomendaba:  "Procuren pasar la velada con pureza de intención a la mayor gloria de Dios, ofreciendo todo a Jesús en preparación a la santa Comunión" (Cartas y Testimonios, 873-874).
La loanese Magdalena Martino contó de haberla oído decir:  "Cuando tengo Jesús en el corazón, lo tengo todo" (Summarium Responsio Patrones a Animadversiones, p. 80). Para custodiar el recogimiento y prolongar lo más posible el coloquio con Jesús presente, era norma de la comunidad mantenerse en silencio en el desayuno y el ordenar las camas. Sor Valentina de S. Teresa recordó para siempre que, cuando era novicia, encontrándose con otras "solas a desayunar”, se "permitieron algunas palabritas”. De repente llega la Madre y... por quince días se observó silencio absoluto" (cf Summarium, § 560), reducido, al final, a una semana.
Sor Isabel de S. Luis, que la definió verdadera "hoguera encendida de amor hacia Dios y hacia el prójimo", recordó que cuando le faltó lo necesario para "nutrir a sus religiosas, y esto ocurría con relativa frecuencia, se dirigió al Tabernáculo, pegó a su puerta con filial confianza diciendo: Oh Señor! Crees quizás que tus esposas dejarán de recurrir a Tì en sus necesidades? Piensa Tú en aquello que ellas necesitan, porque no está en mi poder el hacerlo" (Summarium Ex Documentis p.386). Infaltablemente, el Esposo contestaba con prontitud, como la urgencia solicitaba. A las hermanas encomendaba a menudo:  "Cuando necesiten alguna gracia recurran a Nuestro Señor en el SS.mo Sacramento y Él las escuchará" (Summarium § 761). Por su experiencia personal, da fe de esto.

La entrega de las Mártires de Alto Alegre

Aceptada la colaboración con los Capuchinos lombardos para la misión del Brasil, por directa solicitud del Ministro General de la Orden, P. Bernardo de Andermatt llegada en abril del 1898, eligió a todas hermanas jóvenes, presentes ya en las comunidades de Uruguay y Argentina y las acompañó personalmente. Al momento de la partida de Montevideo, el 6 de mayo de 1899, una hermana de aquella comunidad, testigo presencial, describió así el adiós: apenas acabado el almuerzo, hecho más de lágrimas que de comida: "Reunió a las religiosas en torno al Santísimo y la Madre dijo:  “Enseguida en capilla, hijas, a tomar la bendición de nuestro Señor”. Entonces todas fuimos alrededor:  nosotras que quedábamos, llorábamos, mientras que las que partían, arrodilladas cerca de ella, llenas de fervor, hicieron la consagración de sí a Jesús diciendo:  - Buen Jesús, henos aquí delante de Tí. Tú sabes a dónde vamos y por cuál fin vamos. No permitas que vengamos menos en la fe y el amor en tu servicio:  estamos listas al martirio, cualquiera ello sea, con tal de conservar intacta la fe." Sor Rosalía del Beato Ángel de Acri, con un toque de conmoción completa así el cuadro:  "Acabada esta oferta salimos de la Capilla y nos saludamos con esta expresión:  'Hasta vernos en el Paraíso!' (Cartas y Testimonios, 872). Ellas por gracia, llegaron después de un breve tiempo. El don total de si, ayer como hoy, no puede prescindir nunca de la Eucaristía, memorial del calvario y la resurrección, surgente que fluye con fuerza para afrontar victoriosamente los pequeños o grandes desafíos cotidianos. 

"Si viene con el Señor en boca, es concedido lo que pide"

Son innumerables los recuerdos y los testimonios que describen el fidelísimo y constante amor de la Beata Rubatto al Sacramento eucarístico. Un hecho al menos por su originalidad, merece ser recordado. Una comisión de señoras, bajo la presidencia de Mons.León, había ya hecho construir los salones, uno por la escuela y otro para el taller. Pero el ideal de Madre Francisca era tener una casa para las hermanas y la capilla. Ella había aceptado como pensionista, allí en la casa comprada a Piria, una señora muy rica, Maria Costa, que era ciega;  cuidaban de ella las hermanas. La Madre a menudo le habló a la señora de su deseo, pero ésta no se daba por enterada. Una mañana llamó a Sor Francisca Consonni, la llamó en seguida de hacer la santa Comunión y le dijo: vaya a la Señora María y dígale que va con el Señor en la boca a pedirle lo que la Madre Francisca desea... Maria Costa quedó un poco pensativa y luego contestó: “viene con el Señor en la boca? Bien, dígale a la Madre que está concedido lo que ella pide" (Summarium Ex Documentis p. 392). Le dejó en efecto, todos sus bienes para la construcción de la casa y la capilla, que se transformó en el Colegio-Liceo San José de la Providencia, en Belvedere, surgido en Avenida a Carlos María Ramírez 36, de Montevideo. En la capilla, dedicada a la Santa Trinidad y a San Antonio, como era deseo de la benefactora, también descansaron por un cierto tiempo sus venerados despojos. La inquebrantable fe de la Fundadora y el abandono confiado en su Esposo y Señor, habían quebrado una vez más todas las resistencias, para dar nuevos espacios y nuevo entusiasmo a la misión uruguaya. 

                                                                                                Graziella Merlatti

 


"Jesús las conforte, las asista y las bendiga y con aquella de Jesús reciban también mi bendición."

Beata Francisca Rubatto