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"Mi
alegrìa es Cristo
resucitado!"
Muy queridos hermanos laicos y colaboradores en el Señor,
mis mejores deseos de una ¡Buena Pascua!
El
misterio de la muerte y Resurrección del Señor nos ofrece,
una vez más,
la posibilidad de reflexionar sobre el “paso” de la muerte
a la vida.
Nos sentimos desafiados a abandonar muchas actitudes interiores del corazón
para conquistar y asumir otras nuevas. Estamos llamados a “hacer
fiesta”, a vivir en la abundancia. En la fiesta queremos manifestar
la fe y pregustar, ya desde ahora, la “plenitud de la vida”.
San Pablo nos recuerda que “Cristo resucitó de entre los
muertos como primicia de los que durmieron… todos recibirán
la vida en Cristo” (1Cor 15,20.22). Es en esta Pascua donde deseamos
encontrar el lugar de la memoria y de la esperanza. En la memoria, la
historia personal recibe luz para el camino que esta haciendo e impulso
para un futuro de esperanza, manteniendo encendida la confianza en la
plenitud de vida: “Jesús nos pide una vida mejor de aquella
que hemos llevado hasta ahora” (Cta. MF 672).
Madre Francisca, así como los discípulos, antes de encontrar
al Señor resucitado, vive la dolorosa experiencia de estar “al
pie de la cruz”, y de la “tumba vacía”.
Como los discípulos, también nosotros, nos experimentamos
en lo cotidiano, en el trabajo, en los cansancios, en los sufrimientos
que entretejen nuestra vida, como si estuviésemos ¡a los
pies de la cruz! La fiesta de la Pascua nos invita a no dejarnos sofocar
por lamentos estériles, sino a confiar, en cambio, en Su generoso
sufrimiento por amor, en su hacerSe cercano a cada uno de nosotros como
hombre “abrumado de dolores”(Is 53, 3). Su sacrificio nos
interpela y nos inquieta porque se prolonga hoy en nuestros hermanos enfermos,
explotados, oprimidos, marginados,
que están siempre a los pies de la cruz.
No solo… cuando Pedro, entrando en el sepulcro vacío, constata
la ausencia del cuerpo de Jesús, su mirada desconsolada se vuelve
hacia cada detalle creando un clima de silencio y suscitando tantos interrogantes
(Jn. 20, 6-7).
Junto a Pedro, junto a Madre Francisca, junto a cada hermano y hermana
que vive a nuestro lado, con nuestra fe vacilante, escrutamos el sepulcro
vacío, ese sepulcro que nos invita a tener esperanza creciendo
en nuestra entrega confiada al Señor.
Escuchemos siempre con los oídos abiertos de la fe, miremos cada
persona con los ojos de un alma pura, acerquémonos a los/as otros/as
tocándoles con las manos vacías de la pobreza y caminemos
cada día con los pies desnudos de la esperanza.
“¡Mi
alegría plena, Cristo resucitado!”
Es de la fatiga que nace el gozo, de la confusión el crecimiento,
de la “muerte” el gozo de la vida!
Para todos, con afecto, un sincero deseo de paz!
Sr. Carmen Cimarolli
Superiora General
Santa Pascua 2009 |
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